Una declaración incompleta, anomalías, explicaciones poco claras… Diversas situaciones pueden llevar a la Administración tributaria a iniciar una inspección fiscal. En tal caso, conviene adoptar determinadas prácticas y evitar otras.
¿Cómo reaccionar ante una inspección fiscal?
¿Cuáles son los comportamientos adecuados cuando Hacienda se pone en contacto con usted?
¿Qué errores no deben cometerse durante una inspección fiscal?
Para ayudarle a superar con éxito su inspección fiscal, descubra ya el dossier completo sobre las buenas y malas prácticas frente a Hacienda, redactado por su abogado fiscalista.
Responder a toda solicitud de información
Cuando reciba una solicitud de información por parte de la Administración tributaria, el plazo concedido para responder es, por lo general, de 30 días.
Es preferible responder con rapidez y de forma precisa. En efecto, si está usted en regla, evitará de este modo una propuesta de regularización (proposition de rectification).
En cualquier caso, su silencio corre el riesgo de ser mal interpretado por el agente tributario, de convencerle de su mala fe y, por ello, de incitarle a formular una solicitud de aclaraciones mucho más exigente, que marca el inicio de una verdadera inspección, algo que su abogado fiscalista puede ayudarle a evitar.
Atender toda solicitud de justificantes o de aclaraciones
Formuladas en un formulario fiscal 2172, estas solicitudes, remitidas por correo certificado con acuse de recibo, deben ser respondidas sin falta por usted en un plazo de 2 meses. A falta de respuesta o en caso de respuesta insuficiente, la Administración tributaria está facultada para reaccionar y liquidarle de oficio, ascendiendo entonces la penalización, por lo general, al 40 % del impuesto eludido. Por ello, se recomienda responder dentro de plazo y aportar argumentos y justificantes muy claros y sintéticos que demuestren a Hacienda la transparencia de su situación.
Solicitar el aplazamiento de la intervención del inspector para postergar los problemas: salvo excepciones, un error
Presa del pánico ante el aviso de comprobación que acaba de recibir, ¿decide ponerse en contacto con la Administración tributaria para solicitar un aplazamiento de la fecha de intervención? Esta reacción suele ser un error. En efecto, los inspectores de Hacienda pueden interpretar esta solicitud de aplazamiento como un signo de debilidad por su parte (señal de que usted se considera «en apuros») y/o como el anuncio de una inspección potencialmente difícil en la que el contribuyente hará todo lo posible por perturbar el buen desarrollo del procedimiento.
Salvo excepciones, de nada sirve aplazar el problema en el tiempo: en cualquier caso habrá que afrontar la realidad y, por lo general, cuanto antes, mejor.
Ser educado y cortés
Se aconseja establecer una relación cordial con el inspector. Evite toda actitud de contestación sistemática y no se sitúe en una posición de adversario. En definitiva, destierre cualquier rastro de agresividad, so pena de dar la impresión de que efectivamente oculta algo. En ese caso, el inspector tiende a indagar todavía más. Procure, por tanto, acomodar adecuadamente al inspector, cuidando de elegir una sala neutra, sin documentos internos ni presencia de empleados, en el caso de una inspección fiscal dirigida a una empresa.
Improvisar: el riesgo de hablar demasiado
Sometidos al estrés de la inspección fiscal, algunos empiezan a decir más de lo que se les pregunta. Dado que todo lo que diga puede volverse en su contra, se aconseja responder únicamente a las preguntas formuladas por el inspector y tomarse tiempo para la reflexión si no está seguro de la respuesta que debe dar, o bien recurrir a un abogado fiscalista para que le represente ante Hacienda. En el caso de una inspección fiscal de empresa, el directivo de la empresa se asegurará, por tanto, de instruir a sus empleados antes de la llegada del inspector para que no faciliten información por su cuenta.
Los agentes de la Administración tributaria son curiosos; es una cualidad en su caso, ya que a menudo les permite obtener nueva información que explotar. Les gusta mucho escucharle. Limítese a responder estrictamente a las preguntas que se le formulen; no hace falta añadir nada más.
Solicitar la ayuda de un abogado fiscalista
Por supuesto, la asistencia de un profesional experimentado, como un abogado fiscalista, puede resultar muy útil. En efecto, este puede defenderle de dos maneras:
- En cuanto al fondo: comprobación de los reproches invocados por Hacienda. ¿Tiene Hacienda realmente derecho a regularizar su situación? El abogado fiscalista examinará con lupa los argumentos de Hacienda para contrastarlos con el derecho.
- En cuanto a la forma: examen riguroso de las normas de procedimiento que rigen la inspección. Este último punto resulta especialmente interesante, dado que determinados vicios de forma pueden conducir a la nulidad de la inspección fiscal emprendida por Hacienda. He aquí algunos ejemplos de omisiones que dan lugar a posibles vicios de forma:
Mención en la notificación de los nombres de los superiores jerárquicos del inspector
Precisión en la notificación de que el contribuyente inspeccionado tiene la posibilidad de hacerse asistir por un asesor
Indicación de los años sometidos a comprobación
Obligación del inspector fiscal de recordar los derechos del contribuyente y de explicar el desarrollo del procedimiento
Debate contradictorio
Plazos de comprobación (délais de reprise) vencidos
Falta de firma del responsable divisional en caso de aplicación de recargos por mala fe
Y miles de otros incumplimientos posibles en caso de inobservancia de determinados textos específicos de la situación del contribuyente…
Intentar impresionar al inspector: una muy mala idea
Los agentes de la Dirección General de Finanzas Públicas (DGFIP) se preocupan por demostrar el carácter independiente de su administración. Intentar una demostración de fuerza recibiendo al inspector en presencia de toda una cohorte de asesores y/o de sus colaboradores más cercanos puede, por tanto, complicar el desarrollo de la inspección fiscal e incitar al inspector a ser aún más puntilloso. Manténgase en un círculo reducido y deje que el inspector desarrolle su inspección con la mayor libertad posible. Tendrá todo el tiempo necesario para señalar sus errores después, cuando le haya enviado la propuesta de regularización.
Evitar la oposición a la inspección fiscal
Se habla de oposición a la inspección fiscal cuando la comprobación no ha podido llevarse a cabo por causa del contribuyente. Es el caso, en particular, cuando este:
– Está ausente en la fecha fijada para iniciar la inspección fiscal y permanece ausente durante varios meses sin posibilidad de contactarle
– Se niega a facilitar a Hacienda su contabilidad/justificantes o facilita elementos muy incompletos
– Retrasa la reanudación de una comprobación de la contabilidad mediante maniobras dilatorias
Conviene, por tanto, tomar las medidas necesarias para que la inspección fiscal se desarrolle correctamente, a fin de evitar liquidaciones complementarias automáticamente incrementadas en un 100 %. Sí, ¡un 100 %!
Dialogar con la Administración tributaria
¿Se le exige un suplemento de impuesto tras la inspección fiscal? En lugar de plantearse de inmediato acudir a los tribunales tras una reclamación contenciosa, puede optar por una vía amistosa de impugnación de la regularización fiscal. Esta puede adoptar diversas formas:
Concertar una cita con el interlocutor departamental o con los superiores jerárquicos de su inspector
Acudir a una comisión o a un comité especializado competente en un litigio que enfrente a un contribuyente con Hacienda: comité del abuso de derecho fiscal, comisión departamental de impuestos.
Interponer un recurso jerárquico (solicitar una reunión con el superior jerárquico del inspector, que es, por lo general, el jefe de brigada). En la práctica, este recurso es bastante eficaz. Permite dialogar directamente con el responsable del Servicio y señalar, cara a cara, las deficiencias tanto de fondo como de forma de la inspección, así como explicar de manera sencilla y directa la situación del contribuyente.
Presentar una solicitud graciable
Esta no permite impugnar las regularizaciones en sí mismas, pero sí solicitar la condonación de los recargos por parte de Hacienda.
Negociar con Hacienda: la transacción
En caso de multas y/o recargos, la transacción consiste en negociar con la Administración tributaria una reducción de la cantidad que le reclama, comprometiéndose usted a cambio a pagar la «factura» rápidamente y a no iniciar ninguna acción.
Aunque Hacienda no tiene ninguna obligación de aceptar, se presta no obstante con relativa frecuencia a esta negociación con el fin de cobrar liquidez rápidamente y cerrar el expediente cuanto antes.
Nuestro despacho de abogado fiscalista puede asistirle.






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